El Papa agradece a España su "fidelidad" al derecho internacional y multilateralismo

Ficha técnica


Fecha 07/06/2026
Parte 1
Duración 00:15:05
Sonido Totales
Edición Bruto Compactado
Localización Madrid
Firma Europa Press

El Papa León XIV agradece a España: "su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos" Imágenes del Papa ofreciendo su discurso: "Majestades, Altezas Reales, distinguidas autoridades y miembros del Cuerpo Diplomático, señoras y señores, Doy gracias al Señor por este encuentro. Expreso mi agradecimiento por la invitación a realizar este viaje apostólico a España, un itinerario en varias etapas, cada una de las cuales revelará algún aspecto de la riqueza multifacética. Un gran país que desde hace casi dos milenios ha acogido la palabra del Evangelio. La tradición siempre ha vinculado la primera evangelización de la península ibérica a la predicación del apóstol Santiago el Mayor. Este vínculo reviste una importancia teológica considerable porque expresa la conciencia de la iglesia local de estar en continuidad. Con la misión apostólica nacida en Pentecostés. El vínculo antiquísimo entre la fe cristiana y esta tierra, si bien por un lado no agota la multiforme identidad de nuestro pueblo, por otro ha moldeado profundamente su cultura y representa una fuente de esperanza y de orientación entre los desafíos que hoy como familia humana debemos afrontar. Pienso en las expresiones de la fe popular que en cada ciudad y pueblo representan una auténtica dramaturgia de la salvación al ritmo del año y en los diversos contextos de la vida. Junto con el patrimonio artístico y musical, con las múltiples confradías y asociaciones de carácter caritativo, dan testimonio del fecundo encuentro entre Jesucristo y Vuestro Señor. Es un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta. Vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta nación. De hecho, su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad. El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad, como nos ha enseñado. Existe en efecto una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el mismo. De hecho, concluía, la realidad es superior a la idea. La verdad es siempre más grande que nosotros y por eso nos sorprende y nos atrae hacia caminos de purificación y reconciliación en los que el diálogo con los demás y con el otro, con mayúscula, se vuelve fundamental. Quisiera referirme a dos figuras de este país que desde hace cinco siglos nutren la vida de la iglesia y la búsqueda espiritual de muchos, incluso más allá de sus fronteras visibles. Se trata de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, que se hicieron amigos en la pasión por el divino. La suya es una mística con los ojos abiertos, es decir, no afina la historia, sino que por el contrario lleva a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad. En particular, al interpretar las transformaciones y soportar las tensiones que hacen tan oscura nuestra época, nos ayuda el tema de la noche, tan querido por San Juan de la Cruz, cuyo año jubilar estamos celebrando. En su sed de luz, paradójicamente, aprendió a apreciar la oscuridad. Noche dichosa, como el tiempo en que el alma se libera de lo que presumía de conocer y poseer. También hoy, lo que más nos asusta, lo que en muchos provoca la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones, es lo desconocido, ante lo cual puede prevalecer. Esa sensación de no tener ya mapas, la desorientación, por eso se necesitan, también en la vida pública, hombres y mujeres que intuyan en la oscuridad la luz. En el fin, un posible comienzo, casi el irrumpir de una verdad como luz que aún ciega, pero que si confiamos y encontramos paz, nos llevará delicadamente hacia sí mismo. O noche que guiaste, o noche amable más que la alborada, o noche que juntaste amado con amada, amada en el amado transformada. Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable. por la civilización del amor. Santa Teresa describe este mismo itinerario con la imagen del castillo interior, avanzando de habitación en habitación hacia el lugar más íntimo, es decir, cada uno hacia su propio corazón, santuario de la verdad. El espacio se amplía, la mente se abre, las predicciones se resuelven, las tensiones se disuelven. Los demás encuentran su lugar, el universo se convierte en hogar. No se trata de una huida intimista, sino de una apertura radical al totus alius et semper novus, que se realiza cuando volvemos a nosotros mismos. Esta dimensión del ser humano es la razón por la que hay que proteger la libertad religiosa y de conciencia. Hoy la tentación de ganar popularidad, avivando el fuego de las polarizaciones, parece crecer en lugar de disminuir. La dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre, eficacidad. Necesitamos trascendencia. Y sin embargo, desde estas noches oscuras hombres y mujeres fieles a la verdad se han visto impulsados a avanzar de estancia en estancia hasta el punto en que en la conciencia la justicia y la paz se abrazan. Es de su libertad que aprendemos a ser libres. La iglesia católica está al servicio de esta sed de corazón humano, no de forma impositiva, sino con el testimonio evangélico respaldado por una multitud. de mártires y santos, y hoy está dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz. Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista, original y fundamental. Es el regalo que el viejo continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan. Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición. Huir de estos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos. Y aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas. Las nuevas tecnologías se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba. En su interior los prejuicios se exacerban. El pensamiento crítico se debilita. Los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte. Por otra parte, el bien puede resistir y comunicarse. Es necesario, sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la empresa. A las comunidades locales y a la sociedad civil como familiar de participación y mediación cultural. La seguridad que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos codo con codo. Nuestra propia historia lo atestigua, la presencia del islam en la península ibérica por ejemplo constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo hubo confrontación sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos. En la escuela de traductores de alfombra el sabio, expertos pertenecientes a las tres religiones colaboraron en la traducción del rico patrimonio árabe, griego y hebreo, contribuyendo a la difusión de textos como entre otros los del filósofo Averroes y Maimonides. En particular ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación entre lenguas, religiones y ciudades. Pero esta es la verdad que cuentan las ciudades europeas, su estratificación histórica, el tejido de solidaridad que a lo largo de los siglos ha conformado sus diferencias, transformando los inevitables conflictos en puntos de partida. Como nos enseñó otro noble hijo de esta tierra, en las pruebas y los fracasos es posible repetir. Ignacio de Loyola tuvo esta audacia, dando crédito a las desolaciones y consolaciones de su corazón en un ejercicio de discernimiento e imaginación por el cual prefirió la paz a las armas y los santos a los poderosos. Comprendió que el bien al que se sentía atraído no era utópico y entonces su análisis se transformó en gracia. Lo mismo puede suceder con las novedades que nos inquietan hoy y sobre las que nuestras sensibilidades están divididas. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien indiquemos criterios de discernimiento, la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la casa común, la paz. Y traduzcámoslos en prácticas, planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria originaria.... a la justicia y la paz. Majestades, Altezas Reales, señores y señores, expreso mi agradecimiento a vuestro país por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos. Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes, al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana. Que Dios bendiga a España."

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