PARTE 3- Las anécdotas más disparatadas de la Duquesa de Alba

Ficha técnica


Fecha 26/05/2026
Parte 1
Duración 00:06:06
Sonido Ambiente
Edición Editado
Localización Sevilla
Firma Europa Press

Las anécdotas más disparatadas de la Duquesa de Alba contadas por su viudo Alfonso Díez, su mejor amiga Carmen Tello, su hijo, Cayetano, el Doctor Trujillo o el ex hermano mayor de la Hermandad de los Gitanos. Alfonso sorprende al narrar lo muy celosa que era su mujer: "era muy celosa. Pero ya, si podía ir, ir. Y eso que era muy protocolar era en la cena, en las comidas, en las cenas para sentar. Pero si podía, me sentaba la más fea que podía. Si estaba en su mano, la más fea". Además, narra que cuando Doña Cayetana falleció tuvo que regalar todas las gallinas y gallos que tenían entre los amigos más íntimos. Díez explica lo que sucedió un día que pidió para su mujer, cerveza sin alcohol: "el barril con sin alcohol. Yo estaba mirando la comida para la primera cerveza que íbamos a tomar de ello, de sin alcohol. Entonces lo prueba y dice ¡oigan! Le dice al mayor loco, ¿no? Que no era Daniel. ¡Oigan! Esta cerveza se la dan a mi marido a mí tráiganme la mía". Carmen Tello sorprende al explicar cómo reaccionó la duquesa cuando Curro Romero protagonizó la famosa 'espantá' el día de su boda. Con mucho sentido del humor, cuenta: "y recuerdo que con Curro, el día que Curro, nos íbamos casa y Curro, bueno, Curro no aparece (...) nos quedamos cuatro sillas de esas de la feria, más o menos, que se presentan de color que tenía, de cadera, y sus cuatro sillas. Yo creo que cada vez que danza también. Esta danza parece, por ejemplo, que las mujeres no suben. Y estábamos todos ahí. Yo como si fuéramos yo llorando, ella vino enseguida a acompañarme, la pobre, y eran las cuatro en la silla, yo llorando como si fuera un vuelo, yo llorando como si fuera un duelo. Y ella me decía tú no tienes que volver con este hombre nunca más, con lo que te ha hecho (pinchándome)". Otra vivencia divertida de Carmen con Cayetana: "y otro día que me dice, tenemos que ir a una boda. A Granada, es otra boda. Pero no tenía que ir a Granada. Y era una boda. Una boda de gitanos, como era el de Juan Andrés Valle, la hermana, no sé por qué se casaba. Y era un viernes, no sé por qué se casaba. Con las mantillas metidas en el coche, agachadas porque con las mantillas no cabíamos. Que íbamos todos tranquilos. Hablábamos de la poesía. No era una castilla, papá, porque... Llegamos a granada a las dos, porque la poesía, la cabeza. Llegamos allí y resulta la iglesia, no, mamá, no, no, no, no, no. No, la iglesia, no sé cuánto, esta es señora, esta es la iglesia. Cuando llegamos allí, no conocíamos a nadie, porque la boda era a la semana siguiente. Todo el mundo, mira la duquesa, y regresamos a la siguiente semana a granada". Todos los asistentes rieron cuando Tello contó lo que sucedió con unas torrijas: "nos dieron para que probemos las torrijas, una para cada una, y le digo Cayetana no podemos con las torrijas. Y se dice, pues todas las metéis en el bolso. O sea, que era imposible llevarle la contraria". Todos participaron en el coloquio por el centenario del nacimiento de Doña Cayetana Fitz-James Stuart. A mitad de la charla Fernando Martínez de Irujo se disculpó on los asistentes ya que tenía que coger un vuelo y perdía el avión: "perdónenme ustedes, lo hago de discurso y encantado, de haberos acompañado esta noche en esta clausura. Muchas gracias". Al finalizar el acto, una persona del público dice: "por un Alfonso Díez en tu vida". Este tema es en exclusiva Imágenes del final del coloquio y alguien del `público interviente y dice: "Yo sólo quiero decir una cosa, pon un Alfonso Díez en tu vida" (Todos ríen y Alfonso se queda perplejo porque no lo ha escuchado bien). CAYETANO MARTÍNEZ DE IRUJO (Aprovecha para decir que sus hermanos se molestaron con él porque cogió las riendas de la Casa de Alba, y es que su madre delegó en é porque quería disfrutar junto a Alfonso: "En los últimos años depositó la responsabilidad de todo su patrimonio en mí, que fue todo el pecado que he hecho para toda la que me montaron mis hermanos mayores y demás. Todo mi pecado fue ser el escogido, el valorado y el reconocido, y llevar la casa de Eva todos los años porque ella quería bajarse del trono y disfrutar con Alfonso y ser feliz. Una pregunta, Alfonso, ¿cómo operabais los viajes?". ALFONSO: "Bueno, por ejemplo, el último que hicimos fue a Tailandia, porque ahí íbamos a cenar o a almorzar con la reina Siriquí, una muy guapa que yo me acuerdo cuando era joven, y era muy amiga de Cayetano, la reina Siriquí, y su marido, que era el rey, Volpón, o Volpón, o yo qué sé. Habíamos quedado desde aquí de Madrid, con un protocolo enorme, fuimos a buscar el embajador a un aeropuerto de Bangkok, pero el rey se puso malo, le tuvieron que internar y suspendieron la fe. Y ella se ponía en ese viaje larguísimo. Larguísimo y complicado, yo creo que por la cena esa con el ballpoint y la disidiquez. Y luego, ¿sabes lo que pasa? Que se lo pasaba muy bien, muy bien en todos los sitios. Si yo decía que me iba a montar en globo, ella dice pues yo también. Yo no me montaba en globo, pero lo sugería, nunca me hubiera montado porque tengo mucho vértigo. Yo no me montaba en globo, pero lo sugería. En Turquía, en Cappadocia, yo les dije en Roma que me iba a subir en globo, y me dijo pues si tú subes, yo también. Y ya lo único que nos faltaba era Cayetana y su marido estrellados por una montaña. Por una de esas montañas, que encima de esas flechas, unos españoles se cayó en globo, no sé qué pasó. Y nada, pero se lo pasaba uno muy bien con ella. En el aeropuerto hacía risas. Cuando estaba, cuando le pasaba algo y le escaneaba, y gritaba, todo el tiempo gritaba. Yo le digo, pero ¿qué llevas? Son pesadísimas, decía. Le digo, pero llevarás algo oculto. Y se ponía así y dice, pero no me toquen. Para decir adiós. Pero no me toquen. No le gustaba que me toquen. Era muy divertida. Era enormemente amena, divertida". CARMEN TELLO: Era genial. Única. CAYETANO MARTÍNEZ DE IRUJO: "Os voy a contar una anécdota Así que mi ver, con muchos clientes emprendiendo y visto promote grados del catalá, baja conmigo a recibirla. Bajamos, llega un coche, se baja una señora, yo me di más o menos cuenta, pero claro, me quedé un poquito así paralizado, se abre una puerta, entra, y me dice, esta no es... Y me dice, ¿qué hacemos ahora? Y me dice, lo que vamos a hacer es recibirla, ya. Bueno, a mí, que se me notan mucho las cosas, a ella se la notó más todavía, la perplejidad de una señora que era una tía, que se llamaba Igual, y que además iba por el mundo diciendo que era la mejor daña, y aprovechándose de la señora que se llamaba Igual. Bueno, cuando subimos con esta señora al salón, la cara de mis hermanos era un poema. Y me dice, lo que pasa es que yo, lo que pasa es que mis hermanos son tan protocolarios, como decía Fernando, que nada, hostias, es tan fantástica... Yo le decía, joder, qué civismo. Y bueno, oye, le dimos la atención a la señora, ¿no lo recordáis? Y yo, y yo, y yo, ¡qué coñazo! Yo le decía, ¿cómo no te puedes informar tu leyenda y la tenés? Oye, ¿qué leyenda se me está regalando? ¿Se sabe algo al macho? Yo qué sé, ¿cómo que yo qué sé, joder? O sea, jamás se nos puede colar una señora que es una tía que lo tiene agredida. Sí, claro que sí. Pero qué no, pues para mí fue lo más gracioso que se ha vivido en el Palacio de Lidia en los últimos 50 años. Bueno, pues yo creo que mis hijas, en este caso, son mis familiares de luego, porque tienen que ser.Bueno, pues nada más, bonito y nada más con este homenaje que quedará para la historia, ¿sabes? Y que todas estas anécdotas, gracias de mi parte y de la de ella. Imágenes de los conferenciantes levantándose. Este tema es en exclusiva

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