Ficha técnica
Álvaro Vargas Llosa desvela, en el homenaje a su padre, Mario Vargas Llosa, en el primer aniversario de su muerte, cómo le dijo que le gustaría que se le recordara: "me dijo: 'quiero ser recordado como un creador, quiero ser recordado como un novelista'". El hijo del premio nobel ha dicho en su discurso que él recuerda a su padre "como al tipo que tenía en vilo a su familia todos los días, porque siempre se le ocurría una idea audaz, una idea osada, una idea temeraria, una idea que nos ponía a todos en peligro y no pocas veces puso patas arriba a su propia familia". De su padre ha destacado que fue un "hombre contradictorio, al fin y al cabo, como lo somos todos, que de vez en cuando no buscara también la utopía a él en la vida real y se diera algunos porrazos. Y sus porrazos eran públicos, más bien, porque era un hombre muy público. Pero en todo caso, a lo que voy es que esa es una lección que nos legó, una lección importante". Y ha dicho que "cuando se equivocó, y esto no lo saben muchos de ustedes, lo sabemos quiénes lo tratamos en privado, supo reconocerlo, supo arrepentirse y supo pedir perdón. Y esta es una de sus grandes virtudes" Imágenes de Álvaro Vargas Llosa Imágenes de Magüi Mira Imágenes de Juan Melgarejo Imágenes de Miguel Rellán PARTE 2 Cada vez que recordamos algo suyo, cada vez, como acaba de hacer Raúl, por ejemplo, cada vez que asociamos algo con él, ¿qué cosa estamos haciendo? Estamos inventando a un Vargas Llosa que no existe, pero que está ahí. Ese Vargas Llosa es un Vargas Llosa de ficción, el autor de ficciones se ha vuelto un personaje de ficción, ese ha sido el efecto de la muerte para mí, para su hijo, a lo largo de este año. Mi padre fue un personaje complejo, fue un personaje múltiple, un personaje al que le quedaba chica la vida y que no se contentaba con, digamos, combatir esa limitación o con superar esa barrera o con desbordar esas limitaciones creando otros mundos, sino que necesitaba en su vida real, en su vida propia, ampliar todo lo posible los límites que acotaban su propia cotidianidad. Por eso hacía tantas cosas y tantas cosas que sorprendían. Efectivamente se subía a escenarios de teatro, él que de actor no tenía nada, exploraba la selva porque quería descubrir cuáles eran los remotos orígenes de la civilización pero también frecuentaba el otro extremo de la estratificación social, podía estar en los palacios de reyes con la misma comodidad con la que podía explorar el mundo primitivo, frecuentaba guerras no porque tenía fascinación por el horror, sino porque su conciencia crítica quería estar frente al horror y luego convertirlo en literatura o en ejercicio de la crítica. Quería tener todas las experiencias humanas posibles y más. Era un personaje que quería ser un personaje. Y ese es el Mario Vargas Llosa que yo recuerdo, el tipo que tenía en vilo a su familia todos los días, porque siempre se le ocurría una idea audaz, una idea osada, una idea temeraria, una idea que nos ponía a todos en peligro y no pocas veces puso patas arriba a su propia familia. Era un hombre al que le quedaba chica la vida y ese es un enorme mérito por lo menos lo es en mi recuerdo. La muerte ha sido para él en cierta forma una liberación precisamente por eso, porque le permite ahora estar en muchos lugares donde no podría estar al mismo tiempo. Yo acabo de recorrer hace pocos días por ejemplo Oriente Medio, estuve en tres países en plena guerra, tengo un hermano que trabaja allí, que está basado en Siria, por razones profesionales está allí de manera que aproveché esa ocasión para visitar, ya lo había hecho antes, algunos países de Oriente Medio, mi padre estaba allí conmigo, había roto los límites de la existencia humana precisamente gracias a la muerte, estaba allí conmigo, me acompañó durante todo ese viaje, acompañó a mi hermano Gonzalo también. Fue parte de una conversación familiar en la que desmenuzábamos aquello que nos impresionaba y lo que nos odiaba, vaya que era impresionante. Mi madre estuvo hace pocos días con Gerardo y otros amigos en Mendoza, en Argentina, en plena vendimia, es una experiencia muy hermosa, recorriendo algunas bodegas, que también era una forma de homenaje a mi padre, que pensaba que el vino no era alcohol, sino civilización. Mi padre estaba allí con ella, al mismo tiempo que estaba conmigo en Oriente Medio, y con mi hermana Morgana, que también fue parte de ese viaje. Pocos días después estuvimos todos juntos en Lima, en el Teatro Municipal, en un hermoso espectáculo de homenaje a mi padre, en el que dos cantantes, Roxana Valdivieso y Tania Libertad, homenajearon a mi padre cantando canciones que mi padre escuchó a lo largo de su vida con deleite, o canciones que simbolizaran su paso por distintos lugares de la geografía mundial y que fueron importantes para su propia biografía y sobre todo para su obra. Bueno, mi padre estaba allí también, por eso digo que la muerte de mi padre ha sido de cierta forma una liberación, porque le ha permitido por primera vez hacer aquello que la vida real no podía hacer, que era romper los límites de la existencia humana, los límites de esa vida que le quedaba chica. Mi padre tocó muchos temas y no voy a abordar todos ellos, para eso están sus libros y para eso los invito a abordarlos, pero quiero tocar dos temas porque me parece que fueron fundamentales en su visión de la vida, en su visión de la literatura y en su manera de relacionarse con la sociedad y con los demás. Uno de ellos fue la utopía, se ha dicho muchísimo, se han escrito cosas muy brillantes sobre eso, quiero simplemente referirme a esta idea. La idea de que para él la utopía era algo que debía estar confinado en el mundo de la literatura y que debía apartarse lo más posible del mundo de la polis, del mundo de la política y del Estado. Decía: "La utopía hace estropicios en el mundo de la política, buscar la sociedad perfecta en el mundo de la política sólo conduce al terror, buscar la utopía en el mundo de la literatura conduce a la belleza de manera que eso es lo que él sostuvo a lo largo de buena parte de su vida y era una de las cosas que yo creo uno de los ingredientes que justifican la palabra liberalismo". En él la idea de que había que alejar la vida política al mundo político de la búsqueda de la utopía
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